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Cochise, el guardián del agua

Por Horacio Cárcamo Alvarez *   Mucho antes de que el silbato del vapor David Arango anunciara su llegada desde la distancia, Magangué ya era una leyenda que navegaba de boca en boca por las aguas del río Magdalena. La Princesa del Río, como la llamaba el profesor Félix Viloria Romero con orgullo y con admiración los viajeros, no era solamente el segundo puerto más importante de la extensa ruta fluvial entre Barranquilla y La Dorada. Era un lugar donde el río parecía detenerse para contemplar la vida. Allí desembarcaban comerciantes cargados de mercancías y esperanzas, pescadores curtidos por el sol, músicos errantes, aventureros en busca de fortuna y familias enteras que perseguían un nuevo comienzo. Otros llegaban sin motivo aparente, atraídos únicamente por el nombre de aquella ciudad ribereña que los relatos convertían en un lugar casi mítico. Magangué vivía del río y para el río. El Magdalena era su camino hacia el mundo, su fuente de riqueza y su memoria. Desde el am...

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