La nueva geografía del riesgo térmico en Europa y América

  05 de julio de 2026 

Por Álvaro Viloria Romero *

La civilización contemporánea ha erigido su progreso sobre la base de una estabilidad climática que, en retrospectiva, parece haber sido un regalo fugaz del Holoceno. Hoy, ese escenario ha mutado. La atmósfera, alterada por la acumulación sin precedentes de Gases de Efecto Invernadero -GEI-, se ha convertido en un vehículo de extremos térmicos que desafían la capacidad de adaptación de nuestras sociedades.

Las olas de calor, anteriormente percibidas como eventos meteorológicos episódicos y benignos, han dejado de ser anomalías para transformarse en una característica definitoria del clima moderno.

Este fenómeno no es solo una preocupación meteorológica; Es una crisis multidimensional con profundas implicaciones geopolíticas, económicas y sanitarias.

Las olas de calor son hoy una de las manifestaciones más agresivas del cambio climático, con orígenes antropogénicos y consecuencias que amenazan la salud, la economía y la estabilidad de Europa y América.

I. Un planeta con fiebre persistente

La Organización Meteorológica Mundial -OMM – define una ola de calor como un período prolongado de tiempo excesivamente caluroso -de al menos tres días consecutivos – durante el cual las temperaturas máximas y mínimas superan umbrales estadísticamente significativos para una región determinada.

Lo que resulta verdaderamente preocupante para la ciencia actual no es solo el calor diurno, sino la persistencia de temperaturas nocturnas elevadas, que impiden la recuperación térmica de los organismos y de las infraestructuras, exacerbando el estrés sistémico.

Lo que antes era un evento estadísticamente improbable, hoy se ha normalizado en ambos hemisferios. En Europa, el verano de 2022 marcó un punto de inflexión. Según un estudio publicado en 'Nature Medicine', el continente experimentó un exceso de mortalidad estimado en 61.672 personas debido al calor extremo.

Esta tendencia se consolidó en los años sucesivos: en 2025, un domo de calor persistente sobre la cuenca mediterránea determinó que localidades como Sevilla y Palma de Mallorca alcanzaran los 44°C durante semanas, un fenómeno calificado por el servicio Copernicus como altamente improbable sin el factor del cambio climático.

Simultáneamente, América del Sur ha vivido un proceso de 'tropicalización' de sus climas templados. Entre 2024 y 2025, el continente se enfrentó a una crisis térmica continua. Enero y febrero de 2025 trajeron olas de calor fuera de temporada: en Río de Janeiro, la sensación térmica alcanzó niveles sin precedentes de 62,3°C, obligando a las autoridades a decretar la emergencia sanitaria.

Estos episodios demuestran que la atmósfera terrestre está atrapando una cantidad de energía excedente inédita, fracturando la estabilidad climática tanto en el Norte como en el Sur global.

II. El entramado de las causas, una convergencia letal.

Para comprender la magnitud de esta crisis, debemos desglosar sus causas en tres niveles interconectados.

1. Causas naturales, la dinámica atmosférica

La variabilidad natural actúa como el telón de fondo. Las olas de calor se originan frecuentemente por la formación de sistemas de alta presión o 'domos de calor' que comprimen el aire, calentándolo adiabáticamente. Un factor crítico es las alteraciones de la corriente en chorro ( jet stream ) y, en el caso de Sudamérica, la interacción con la variabilidad de la temperatura superficial del Pacífico.

Cuando los patrones de circulación se bloquean, el calor se estanca sobre regiones densamente pobladas durante semanas, impidiendo la entrada de frentes frescos.

2. Causas antrópicas, el motor de las emisiones

El componente humano es el acelerador fundamental. La quema ininterrumpida de combustibles fósiles ha llevado la concentración de CO2 atmosférico a un récord de 423 partes por millón (ppm) en 2024.

A esto se suma, específicamente en América del Sur, la deforestación del Amazonas. La pérdida de biomasa en la cuenca amazónica no solo libera carbono, sino que destruye el mecanismo natural de 'ríos voladores' (evapotranspiración), reduciendo la humedad que regula el clima en gran parte del Cono Sur.

Asimismo, el «efecto isla de calor urbano» en megaciudades como São Paulo, Buenos Aires o Bogotá, agrava la situación debido a una urbanización densa y con escasa infraestructura verde.

3. Causas agravantes, el círculo vicioso energético

Existen catalizadores que transforman un evento meteorológico en una catástrofe. En Sudamérica, la dependencia de la energía hidroeléctrica genera una vulnerabilidad única, las olas de calor prolongadas provocan sequías que disminuyen el caudal de los ríos, lo que reduce la capacidad de generación eléctrica justo cuando la demanda por aire acondicionado se dispara.

Este bucle de retroalimentación -donde la falta de agua para energía obliga a usar fuentes fósiles de emergencia- es un factor crítico de desestabilización económica y climática que no debe ser subestimado.

III. Consecuencias, un espejo de desigualdad continental

El impacto de las olas de calor revela las fracturas sociales y económicas de Europa y América, golpeando con mayor severidad a los estratos más vulnerables.

Impacto social y de salud pública

El calor extremo es un «asesino silencioso» . En el contexto suramericano, la precariedad habitacional y el acceso limitado a espacios refrigerados amplifican el riesgo. En 2025, el Ministerio de Salud de Brasil registró más de tres mil muertes atribuibles directamente al calor en el primer trimestre.

En Estados Unidos, el condado de Maricopa reportó 645 fallecidos en 2024. La vulnerabilidad de la población adulta mayor y de los trabajadores informales en las urbes latinoamericanas representa un desafío de salud pública que los sistemas actuales no están preparados para contener, especialmente ante el riesgo de colapso hospitalario por sobrecarga.

Impacto ambiental, la crisis del agua y los glaciares

El calor extremo es un vector de colapso ecológico. Los incendios forestales han adquirido un carácter eruptivo e incontrolable tanto en el Mediterráneo como en el Pantanal brasileño y la Patagonia.

Paralelamente, la combinación de calor y sequía ha acelerado el derretimiento de los glaciares andinos, que actúan como las «torres de agua» para millones de personas.

La pérdida de masa glaciar en los Andes no es solo una tragedia ecológica; es una amenaza existencial para la seguridad hídrica de ciudades como Santiago, La Paz y Quito, que depende de este deshielo estacional para su supervivencia.

Impacto económico, agricultura y energía

La economía global enfrenta una paradoja insostenible. La agricultura es el sector más expuesto: las recurrentes olas de calor han mermado la producción de cultivos básicos (soja, trigo, maíz), disparando la inflación alimentaria tanto en Europa como en el Cono Sur, granero del mundo.

Por otro lado, la Agencia Internacional de la Energía informó que la demanda eléctrica global aumentó un 4,5 % en 2024. En América del Sur, el estrés térmico en el sector ganadero y la paralización de la productividad laboral en sectores agrícolas durante las pico de calor, representan una pérdida económica que amenaza la estabilidad de las economías emergentes de la región.

No es pronóstico, en una realidad letal.

Las olas de calor que hoy sofocan a Europa y América son la materialización tangible de una crisis climática que ha dejado de ser un pronóstico para convertirse en una realidad letal.

Hemos analizado cómo su origen, si bien enmarcado en ciclos atmosféricos naturales, ha sido radicalizado por la actividad humana, y cómo sus consecuencias golpean con furia la salud pública, la estabilidad de los ecosistemas y el tejido económico de nuestras sociedades.

La evidencia estadística de 2024-2025 no deja margen de duda: estamos ante una emergencia que exige una reconfiguración radical de nuestras políticas públicas.

La adaptación, a través de la renaturalización urbana, la preservación crítica de la cuenca amazónica, la protección de los glaciares andinos y la diversificación de las matrices energéticas, es esencial, pero insuficiente si no se acompaña de una mitigación agresiva.

La responsabilidad global ya no admite demoras, las naciones deben transicionar hacia economías descarbonizadas no por idealismo, sino por pura supervivencia. La historia juzgará nuestra respuesta a esta crisis.

El planeta está enviando una señal clara a través del termómetro, y si no logramos enfriar la codicia que calienta la atmósfera, la historia nos juzgará, no por lo que no supimos predecir, sino por todo lo que, sabiéndolo, nos negamos a cambiar.

* Gerente de Proyectos de Enterritorio SA y exgerente de Aguas de Bolívar SA-ESP; Ingeniero civil, especialista en Análisis y Gestión Ambiental, Gerencia Pública, Consultoría Ambiental y Gerencia de Proyectos de Construcción.

Las opiniones expresadas por el autor de esta columna no reflejan necesariamente las de la institución donde trabaja.


Comentarios

Entradas populares