Cartagena, radiografía de la desigualdad y horizontes para la sostenibilidad urbana
26 Jul 2026 
Por Álvaro Viloria Romero *
La presentación del más reciente Informe de Calidad de Vida por parte del colectivo ‘Cartagena Cómo Vamos‘ representa, año tras año, un ejercicio ineludible de rigor técnico y veeduría ciudadana. Construido a partir del análisis de más de 280 indicadores provenientes de fuentes oficiales, este documento no es meramente un compendio de estadísticas frías; constituye un espejo implacable donde La Heroica debe contemplar sus luces y, sobre todo, sus profundas sombras.
Cartagena se debate históricamente en una paradoja insostenible: ser un epicentro turístico de talla mundial, un puerto estratégico para el comercio internacional y un bastión del patrimonio histórico de la humanidad, mientras coexiste simultáneamente con indicadores alarmantes de pobreza, exclusión social y fragilidad institucional.
Analizar profundamente este informe nos obliga a confrontar la brecha monumental que existe entre la ciudad que tenemos: fragmentada, inequitativa y vulnerable a los embates climáticos y administrativos, y la ciudad que deseamos tener: una metrópoli justa, cohesionada, sostenible y competitiva.
1. La ciudad que tenemos, avances que no ocultan las deudas históricas
El análisis de los datos recientes confirma que la calidad de vida en Cartagena sigue estando condicionada, de manera lapidaria, por el código postal y el nivel de ingresos de sus habitantes. A pesar de los ciclos de reactivación económica y el dinamismo de sectores específicos como la petroquímica, el turismo de masas y la industria portuaria, los beneficios del crecimiento no se han traducido en un desarrollo humano equitativo.

Logros económicos y sociales innegables
El informe de 2025 revela una ciudad en transformación, con avances importantes que merecen ser reconocidos. En el ámbito educativo, el puntaje promedio de las pruebas Saber 11 pasó de 65,8 a 68,3 puntos, evidenciando una mejora significativa en las instituciones oficiales y una reducción de la brecha frente al sector privado; de hecho, Cartagena destacó como la ciudad que más incrementó su puntaje entre las seis principales del país. En el plano socioeconómico, cerca de 59 mil personas salieron de la pobreza monetaria durante 2025, y la pobreza extrema descendió al 9,3%, ubicándose por primera vez por debajo del promedio nacional.
Paralelamente, las finanzas públicas muestran un comportamiento favorable, con un crecimiento del 11,4% en los ingresos del Distrito y un aumento del 14,9% en el recaudo tributario. En materia de servicios públicos, la cobertura de acueducto alcanza el 92% y la de alcantarillado el 84%, manteniendo el agua suministrada la categoría ‘Sin riesgo’ según el Índice de Riesgo de la Calidad del Agua -IRCA-.

Precariedad laboral, violencia y segregación socioespacial
Sin embargo, estos logros conviven con fisuras estructurales profundas. La informalidad laboral continúa cercana al 50%, y en 2024 Cartagena registró la tasa de desempleo más alta entre las principales ciudades del país con un 12,4%, golpeando con mayor crudeza a mujeres y jóvenes. La seguridad pública sigue siendo el talón de Aquiles de la administración local: la ciudad mantiene la segunda tasa de homicidios más alta entre las principales capitales colombianas, y el flagelo de la extorsión escaló de manera dramática, pasando de 134 casos en 2023 a 379 en 2025, lo que representa un aumento acumulado del 183%.
Geográficamente, Cartagena sigue operando como dos ciudades disímiles. Por un lado, se encuentra la franja turística, moderna y de alta valorización inmobiliaria (Bocagrande, Castillogrande, el Centro Histórico y la zona norte) y por el otro, se extiende una vasta periferia (la Localidad Industrial de la Bahía, la Zona Suroriental y los corregimientos insulares y continentales) donde las carencias en servicios públicos esenciales, el déficit habitacional y el bajo acceso a internet fijo (apenas un 20%) profundizan una brecha digital y social insostenible.
La transformación demográfica
A lo anterior se suma una transición demográfica acelerada que plantea retos inéditos para la planificación urbana. Los nacimientos disminuyeron un 21% en los últimos dos años, el crecimiento poblacional se ubicó en un marginal 0,11% durante 2025, y las proyecciones del DANE apuntan a la primera contracción poblacional de la ciudad (-0,05%). Este envejecimiento progresivo exige repensar urgentemente los sistemas de salud, la oferta educativa, los esquemas de cuidado y la atención integral a una población que ve cambiar su pirámide etaria.
2. Las fracturas estructurales y el espejismo de la prosperidad
La persistencia de estas problemáticas no es fruto del azar, sino el resultado de fracturas institucionales y ambientales arraigadas en la historia administrativa de la ciudad. Como bien se desprende del diagnóstico del colectivo, Cartagena padece una gobernanza atrapada históricamente en la inestabilidad política, la falta de planeación a largo plazo y la interferencia de intereses particulares por encima del bien común.
Durante las últimas décadas, la alta rotación en el ejecutivo distrital obstaculizó la continuidad de políticas públicas de gran calado. Los instrumentos de planificación urbana y el Plan de Ordenamiento Territorial han quedado frecuentemente rezagados frente a la presión de la especulación inmobiliaria y el crecimiento desordenado. Esto ha generado una ciudad ambientalmente frágil, expuesta de manera crítica a la crisis climática global.
La vulnerabilidad ante el aumento del nivel del mar, la erosión costera, la degradación de los cuerpos de agua interiores (como la Ciénaga de la Virgen, la Bahía de Cartagena y los caños y lagos) y los desafíos hídricos de la región exigen un modelo de gestión territorial basado en la ciencia y la resiliencia. No obstante, la respuesta institucional suele ser reactiva y fragmentada, priorizando intervenciones estéticas por encima de obras estructurales de adaptación.
3. Hacia la ciudad que deseamos, derechos, equidad y horizontes de transformación
Frente al diagnóstico complejo que arroja el informe de ‘Cartagena Cómo Vamos’, la ciudadanía y los actores estratégicos no pueden ceder ante el fatalismo. La pregunta fundamental radica en cómo transitar de la ciudad que tenemos a la ciudad que deseamos y merecemos tener. El Plan de Desarrollo Distrital «Cartagena, Ciudad de Derechos» ofrece un marco conceptual propicio, pero su materialización exige una agenda de transformación articulada en cuatro ejes fundamentales:
A. Gobernanza ética y planeación con visión de largo plazo
La ciudad que deseamos requiere, ante todo, un pacto por la gobernabilidad transparente y la eficiencia administrativa. Es imperativo superar la fragmentación política mediante la consolidación de liderazgos comprometidos con la meritocracia, la contratación pública abierta y la rendición de cuentas rigurosa. La planeación urbana debe dejar de ser un instrumento negociable y convertirse en una política de Estado donde el ordenamiento territorial responda a criterios técnicos de sostenibilidad y equidad espacial.
B. Empleo formal, diversificación económica y cohesión social
No habrá una Cartagena próspera mientras la mitad de su población subsista en la informalidad. El modelo económico debe diversificarse y articularse de manera estrecha con el sistema educativo. Es necesario consolidar una economía del conocimiento, fortalecer la educación técnica y tecnológica pertinente para los sectores portuario, logístico, turístico y ambiental, y generar incentivos reales para la formalización empresarial. Asimismo, la inversión social debe focalizarse en la superación de la pobreza multidimensional, garantizando que la infancia y la juventud de los barrios periféricos accedan a oportunidades reales de movilidad social.
C. Seguridad integral y universalización de servicios básicos
La seguridad no puede entenderse únicamente como una respuesta punitiva; es una condición indispensable para el desarrollo económico y la calidad de vida. Combatir las altas tasas de homicidios y el repunte de la extorsión requiere una estrategia integral que combine la acción policial inteligente, la presencia institucional en los territorios vulnerables y la recuperación del tejido social. Paralelamente, se debe avanzar hacia el 100% de cobertura en acueducto y alcantarillado, extendiendo la infraestructura más allá de las zonas concesionadas actuales, y cerrar la brecha digital democratizando el acceso a conectividad de calidad.
D. Adaptación demográfica y resiliencia ambiental
La Cartagena del futuro debe reconciliarse con su entorno natural y prepararse para su nueva realidad demográfica. La protección de los manglares, la restauración integral de los cuerpos hídricos y la implementación estricta de directrices de adaptación al cambio climático son prioridades inclaudicables. Del mismo modo, el envejecimiento de la población exige anticiparse mediante el diseño de redes de apoyo social, sistemas de cuidado eficientes y políticas de bienestar para la vejez.
La ciudad exige respuestas valientes y transformadoras
El Informe de Calidad de Vida de ‘Cartagena Cómo Vamos’ entrega un diagnóstico honesto y riguroso de la ciudad que poseemos: una urbe con logros significativos en educación, recaudo fiscal y reducción temporal de la pobreza, pero que continúa lastrada por la informalidad, la violencia, la desigualdad y la debilidad institucional. Como ha señalado la dirección del colectivo, cada indicador representa una oportunidad ineludible para comprender mejor la complejidad urbana.
La Cartagena que deseamos no es una utopía, sino una ciudad posible: un espacio donde el derecho a la vivienda digna, al empleo formal, a la educación de calidad, a la seguridad y a los servicios básicos sea una realidad para todos, y no un privilegio exclusivo de unos pocos. Donde el turismo y la pujanza económica vayan de la mano con la justicia territorial y la inclusión social. Donde el centro histórico amurallado no actúe como un espejismo que encubre las carencias de los estratos 1 y 2 —que representan siete de cada diez viviendas locales—, sino como el corazón latiendo con fuerza equitativa para la totalidad de sus habitantes.
El Informe de Calidad de Vida presentado por ‘Cartagena Cómo Vamos’ es, en definitiva, un llamado de urgencia ética y política. Nos demuestra que la riqueza generada por la ciudad cohabita obscenamente con la precariedad de su gente. La brecha entre la Cartagena de postal y la Cartagena de los barrios periféricos es una herida abierta que exige respuestas valientes y transformadoras. La ciudad que tenemos es el reflejo de décadas de improvisación, exclusión y debilidad institucional.
La transformación de Cartagena depende de la voluntad política, el compromiso decidido del sector privado, la veeduría activa de la ciudadanía y la corresponsabilidad de todos los actores sociales. La ciudad que deseamos está al alcance de nuestras decisiones colectivas, solo falta la determinación histórica de construirla.
Transformar a Cartagena no es una tarea imposible, es una obligación histórica ineludible para garantizar que La Heroica sea, por fin, un hogar digno, equitativo y sostenible para todos los que la habitan.
* Gerente de Proyectos de Enterritorio SA y exgerente de Aguas de Bolívar SA-ESP; Ingeniero civil, especialista en Análisis y Gestión Ambiental, Gerencia Pública, Consultoría Ambiental y Gerencia de Proyectos de Construcción.
Las opiniones expresadas por el autor de esta columna no reflejan necesariamente las de la institución donde trabaja.

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