EL NENE
Una intempestiva llamada proferida por mi amigo Jorge Cárcamo, en donde alarmado me informaba de la repentina muerte de su primo Salomé, me sacó de la modorra matutina del inicio del fin de semana y aparecieron en mi mente, como por arte de magia, imágenes de la primera vez que vi a Salomé Francisco Cárcamo Criales (qepd)- Siendo éste un regordete niño de escasos ocho años - Yo tenía diez- luciendo un pantaloncillo Jockey, de venta exclusiva en el almacén de Zoila Pérez, verde oliva de esos que traían como pretina un jopo de caucho con casi cuatro dedos de ancho, dando saltos a pie descalzo y descamisado, con dirección a la tienda del viejo Perencho.
Ya después al Nene, como cariñosamente era conocido, lo perdí de referencia y me lo topé en el año 1978 en el Instituto Técnico Cultural Diocesano, donde entró a cursar el bachillerato al lado de Sisi Redondo, Dominga Manotas, Lina Viloria, Camilo Cuello, Silfredo Franco, entre otros.
Amante del deporte, jugaba fútbol haciendo parte del equipo de su curso, portando en su casaca el número nueve de centro delantero. Aunque no le hacía gol ni al arco iris, pese a tener la contextura física de esos centro foward de antaño, al estilo La Rata Gallego o el renombrado Tanque Samaniego, de patas porruas y prominente pectoral. Ataviado de guayos Fastrack, impecable uniforme que su padre Salomé le compraba, jamás tuvo aptitud para dominar el balón.
Quizás porque creció en un ambiente machista teniendo de referente a su padre, a Joche Alarcón el eterno chófer de su familia y a Pindá, un longilinio muchacho del barrio San José que toda la vida fue su mandadero. Ya siendo un jovenzuelo se inclinó por la vida parrandera. De la mano de Rafi Cohen, Horacito y Nobel Cortez, entre cabalgatas, corralejas y amores pueblerinos armonizados por música de los hermanos Zuleta, sus preferidos, pasó su mocedad, sin desatender los negocios de su viejo y sus estudios de derecho en la Universidad Simón Bolívar.
Para mediados de los ochenta, en la casa donde hoy en día está el ventorrillo de Doris Gil y donde alguna vez vivió la vieja Filadelfia con su recua de hijas, que enloquecieron al finado Rocha, se mudó una joven adolescente de facciones afrodescendientes. La agraciada muchacha alborotó el avispero en el sector y comenzaron a ronronear los galanes de ocasión. Ramiro De Fex, amigo de infancia y quien vivía en la calle del Hipódromo, picó en punta y a los pocos días de conocer a la exótica fémina en un baile del Club Lotero, se la cuadró. Convirtiéndola en su primera novia en recuerdo. Todas las noches, mascando chicle bomba y de Jean Lee ajustado a su fornido cuerpo, lo veia pasar vislumbrando la primaveral sonrisa que genera el amor.
El ritual duró tan solo una semana, porque yo no sé dónde carajo el Nene consentido de la difunta Elantina, conoció a la novia de Ramirón y en par patadas se la arrebató. Ni la mediación de Jorge Campo, full llave de Ramiro, logró convencer a la enigmática muchacha de que volviera a reconciliarse con éste. Desde ese instante y luego de varios vituperios entre ambos, al punto de que en una ocasión se fueron a los golpes, la amistad entre Salomé Francisco y Ramiro se truncó, como hoy, por cuestiones del destino, se trunca la vida del Nene.
El royiso muchacho que comentaba con elocuencia nostalgia y entusiasmo, mis anécdotas convertidas en crónicas y que asciende con las alas de la bondad a lo más alto del cielo. Allá lo espera su madre, esa era su premura de partir. Quizás él con la nobleza de su corazón sabía que no podía dejarla sola. Ese encuentro lleno de ternura será la mejor forma de volverlos eternos.
Descansa en Paz, Nene!!

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