Hacia una Cartagena resiliente con infraestructura verde
09 Abr 2026

Por Álvaro Viloria Romero *
Cartagena de Indias, principal destino turístico del Caribe colombiano, es una ciudad en la encrucijada climática que enfrenta una paradoja crítica: su privilegiada ubicación costera la expone simultáneamente a los embates del cambio climático y a las fragilidades de un crecimiento urbano desordenado. El aumento del nivel del mar, las inundaciones recurrentes por lluvias extremas, la degradación de ecosistemas estratégicos como el manglar y el efecto isla de calor en el centro histórico y las zonas consolidadas configuran un escenario de alta vulnerabilidad. Frente a estos desafíos, la evidencia científica proporciona una hoja de ruta clara para articular una propuesta de infraestructura verde que convierta a Cartagena en un referente de resiliencia costera.
Estudios locales y vulnerabilidades identificadas
Diversos estudios realizados por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales -Ideam-, la Corporación Autónoma Ambiental del Canal del Dique -Cardique-, el Establecimiento Público Ambiental -EPA-, el Observatorio de Cartagena y varias universidades locales han caracterizado las principales amenazas:
– Déficit de espacios verdes: Cartagena cuenta con apenas 2,3 m² de área verde por habitante, muy por debajo de los 9 m² recomendados por la OMS. Esta carencia afecta desproporcionadamente a los barrios de expansión informal en la periferia suroriental.
– Inundaciones estructurales: sectores como Olaya Herrera, Fredonia, El Pozón y el Pie de la Popa sufren inundaciones con precipitaciones superiores a 40 mm en pocas horas, debido a la impermeabilización del suelo, la ocupación de ciénagas rellenas y la insuficiencia del sistema de drenaje pluvial.
– Isla de calor urbano: mediciones satelitales muestran que el centro histórico, Getsemaní y Bocagrande registran temperaturas superficiales hasta 4°C superiores a las de áreas con cobertura vegetal como el Cerro de La Popa o los manglares remanentes. Este gradiente térmico incrementa la demanda energética y afecta la salud de residentes y visitantes.
– Degradación de manglares: los manglares de la Bahía de Cartagena y la Ciénaga de la Virgen han perdido cerca del 30% de su extensión original por rellenos, vertimientos y urbanización no planificada, eliminando barreras naturales contra marejadas y reduciendo la capacidad de amortiguación de inundaciones.
Propuesta de Infraestructura Verde y Resiliencia Costera
A partir de estos antecedentes y de los principios científicos, se propone un programa estructurado en cinco ejes de acción directa, con metas medibles, localización prioritaria y actores responsables.
1. Corredores de conectividad ecológica

Para transformar a Cartagena en una verdadera biodiverciudad es clave aprender de ciudades que han mitigado el calor extremo y mejorado su resiliencia mediante el arbolado como Barranquilla, Medellín y Bogotá. La meta actual de la administración es sembrar 300 mil árboles. Se propone crear arterias verdes que conecten los grandes cuerpos de agua con el interior de los barrios: 1) Corredor Vía Perimetral: Reforestación masiva del borde de la Ciénaga para crear una barrera térmica y paisajística, 2) Avenidas sombreadas: Intervención técnica en separadores de las Avenidas Pedro de Heredia y la Santander, utilizando jardines biodiversos que mejoren la permeabilidad del suelo, 3) Cuidado Comunitario: Programas donde empresas y ciudadanos reciben beneficios (como incentivos o reconocimientos) por financiar el mantenimiento de árboles y jardines frente a sus predios y fortalecer la producción local de plántulas (viveros distritales) para reducir costos de transporte y asegurar la aclimatación de las especies y 4) Monitoreo Inteligente: Implementar un Observatorio del Arbolado Urbano, similar al de Bogotá, que permita a los ciudadanos reportar el estado de los árboles mediante una app, asegurando que la inversión no se pierda por falta de riego o plagas.
2. Red de corredores ecológicos urbano-costeros
Cartagena posee una topografía que conecta los cerros de Albornoz, La Popa y el Marión, con el borde marino a través de quebradas y drenajes naturales hoy degradados. Se propone establecer una red de corredores ecológicos a lo largo de estas franjas, mediante la recuperación de cauces y quebradas urbanas y la creación de franjas vegetadas de mínimo 20 metros de ancho que permitan el desplazamiento de fauna, incrementen la biodiversidad y sirvan como drenajes naturales. Esta red actuaría también como barrera ante la expansión de la mancha urbana desordenada hacia áreas de protección ambiental.
3. Techos y muros verdes en el centro histórico y áreas de alta densidad
Aprovechando la normativa de conservación patrimonial y el auge de la inversión privada en el centro histórico, se debe incentivar mediante beneficios tributarios la instalación de techos verdes en edificaciones del Centro, San Diego, Getsemaní, Bocagrande, Castillogrande y El Laguito. Estudios de microclima urbano para ciudades caribeñas confirman que estas soluciones pueden reducir la temperatura superficial hasta en 4°C, mitigando el efecto isla de calor que actualmente afecta el patrimonio edificado y la experiencia turística. Además, estos sistemas captan agua lluvia que puede ser reutilizada para riego y servicios sanitarios, reduciendo el consumo de agua potable.
4. Sistema de drenaje sostenible (SUDS) en barrios de alta vulnerabilidad
En sectores como Olaya Herrera, Fredonia, El Pozón, San Fernando y el Pie de la Popa, donde las inundaciones son recurrentes por insuficiencia de los drenajes pluviales, se deben implementar SUDS a escala vecinal: pavimentos permeables en zonas de bajo tránsito vehicular, jardines de lluvia en espacios públicos y humedales artificiales en áreas donde se concentra el agua. Estas medidas, combinadas con la desimpermeabilización progresiva de patios y espacios comunales, reducirían la escorrentía hasta en un 60%, según lo documentado en experiencias similares en Medellín (corredores verdes) y Ciudad de México (programa de azoteas verdes y captación pluvial).
5. Huertos urbanos agroecológicos para seguridad alimentaria y cohesión social
Finalmente, se propone un programa de huertos urbanos comunitarios en suelo disponible de la periferia (lotes baldíos, rondas de quebradas recuperadas) y en cubiertas de equipamientos públicos (escuelas, centros de salud, sedes comunales). Estos huertos, además de contribuir a la seguridad alimentaria de familias en situación de pobreza, reducen la huella de carbono asociada al transporte de alimentos desde zonas rurales y generan empleo local. Se articularían con los comedores comunitarios y las instituciones educativas para crear una red de abastecimiento de proximidad, fortaleciendo la economía circular en la ciudad.
Gobernanza, financiamiento y plazos
La viabilidad de esta propuesta requiere una institucionalidad coordinada. Se recomienda la creación de una ‘Misión de Infraestructura Verde‘ adscrita a la Alcaldía Distrital, con participación de Cardique, EPA, la Cámara de Comercio, gremios (Sociedad de Ingenieros y Arquitectos de Bolívar -Siabol, la Sociedad Colombiana de Arquitectos -SCA-, entre ellos) y el sector privado (especialmente el turístico, hotelero y portuario). Los proyectos podrían financiarse con recursos del Sistema General de Regalías (dado que Cartagena es puerto y recibe transferencias significativas), fondos climáticos internacionales (como el Fondo Verde para el Clima o el GCF) y mecanismos de pago por servicios ecosistémicos que involucren a los grandes generadores de impactos. Se sugiere un horizonte de implementación por fases: corto plazo (tres años) para los SUDS en barrios críticos y los techos verdes en edificios públicos; mediano plazo (cinco años) para la restauración de manglares y la red de corredores; y largo plazo (10 años) para la consolidación del programa con instrumentos de financiamiento recurrentes.
Resiliencia como oportunidad
Cartagena no puede seguir dependiendo únicamente de soluciones grises -muros de contención, canales de concreto, colectores subterráneos – que han demostrado ser insuficientes frente a la magnitud de los desafíos actuales y futuros. La evidencia científica respalda que la infraestructura verde no es una alternativa secundaria, sino un pilar estructural de la resiliencia costera. Implementar el programa aquí esbozado permitiría a la ciudad no solo adaptarse al cambio climático, sino mejorar la calidad de vida de sus habitantes, proteger su patrimonio cultural, generar empleos verdes y reafirmarse como un destino turístico sostenible. La pregunta no es si Cartagena puede permitirse invertir en infraestructura verde, sino si puede permitirse no hacerlo.
* Gerente de Proyectos de Enterritorio SA y exgerente de Aguas de Bolívar SA-ESP; Ingeniero civil, especialista en Análisis y Gestión Ambiental, Gerencia Pública, Consultoría Ambiental y Gerencia de Proyectos de Construcción.
Las opiniones expresadas por el autor de esta columna no reflejan necesariamente las de la institución donde trabaja.
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