EL DIABLO GUARAPERO

Por Wilberto Peñarredonda      



Fiesta religiosa en honor a San José, santo patrono de la población de Rabo Largo Córdoba. El pueblo entero sumido en el jolgorio que significa semejante acontecimiento, y todo el mundo expectante desempolvado su mejor pinta de los baúles con olor a naftalina y cucaracha, para los actos religiosos, constituidos en misa, bautizos y primeras comuniones. Además, de tres días de corraleja con su respectivo y morrocotudo fandango, sin dejar por fuera la famosa Bara de Premio, que se eregia despampanante con sus 20 de metros de altura y embarrutada de grasa, a lo largo y ancho de la plaza principal del corregimiento.
Los hermanos Calume, la puteria de Rabolargo en abolengo y riqueza -tenian un jopo de hacienda, más grande que el cerro de Maco - eran los encargados de donar los toros del día 19 de marzo, día de San José. Y para ése año iban a estrenar un torete berrendo con manchas blancas en el espinazo, cuerni abierto, de ancho pectoral y culiseco.  Al que por su valentía y casta, apodaban El Diablo.
Se vino la fecha del debut del renombrado semental, y para sacarlo del pastizal donde por muchos años estuvo encerrado, al punto de que se espantaba hasta con el silbido del viento, fue necesario la incursión de 30 peones, entre quienes se encontraba el viejo Romeo Solano, armados de lazo. Al momento de encaramitarlo a un camión 600 para trasladarlo a los toriles de la corraleja, el  vehículo casi se voltea, ante el primer desbarajuste del pesado animal. Que entre bramidos y sacudiendo una perenne mancha de moscas que yacía en su morrillo, pataleo y hasta se cagó de la ira.
El olor a pólvora, sobaquina, perfume barato y ñeque, matizaba el amplio redondel de la rudimentaria plaza armada en higuereto y tolú. El canicular sol penetraba radiante por los  abarrotados palcos, y la multitud alborozada, guapirriaba y danzaba sin cesar, al compás de la famosa banda de Laguneta Córdoba. Un culo de remolino de manteros donde resaltaban por su trayectoria El Mocho Acuña, El Negro Rocha y
demás espontáneos apretujados - no cabía un peo- esperaban que soltaran al temido y renombrado gallo tapao de los Calumes. Al fin y con el preludio de un pretinazo que se escuchó en Caucasia, limites de Córdoba y Antioquia, generando por un recamarazo que se encargó de manipular Evaristo "El Mono Cotú". Soltaron al Diablo al ruedo.
¡Nojodaaaaa..! Al unísono. Fue el grito que se escuchó, cuando el berrendo carequeso asomó el hocico a la cachureta y desgualepada puerta del toril. Un hilillo de babazón emanado de sus narices demarcó la trayectoria, en el polvoriento piso, de su rauda embestida hacia un necio borracho que se le atravesó en el camino. El beodo, de la miqueda, voló a tan tamaña altura, que se esfumó en las nubes del firmamento. Mas esto no fue obstáculo, para que el temido bovino siguiera su directo recorrido hacia una rendija de la cerca, y tras saltar como conejo cotilino, se salió. Causando escozor y pánico en la muchedumbre. Ya a las afueras, el puñetero se topó con un barril de 50 litros de guarapo de piña fermentado de esos que preparaba El Zongo, y que un man tenía listo para venderle a los asistentes al tropelín.  Y de un sólo sorbo se los mamó.  De la hartura y después de una fenomenal meada, el brioso y temido DIABLO GUARAPERO, se alboleó a dormir.
Cabe anotar, que el borracho, cayó -tres días después de desarmada la corraleja - todo barbón y magullado por el porrazo.

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