EL TEATRO HABIB
No sé con quién, ni que carajo hacía yo, en el Teatro Habib en una sección solemne del Jardín Infantil Los Ángeles, de propiedad de la pedagoga Georgina Lara Beleño, en el año de 1970. Lo que si recuerdo con precisión es que la tarima estaba impecablemente decorada y el grupo de graduandos donde figuraban Rafael Alarcón Campillo qepd y Jorge Carcamo Álvarez, amigos de infancia, bailaban ritmos folclóricos alegóricos a las diferentes regiones geográficas de nuestro país.
Un par de años más tarde,
volví a la misma sala en compañía de mi tía Juanita,
que sirviendo de chaperona de la finada Graciela Vides, compañera de trabajo en el Liceo Joaquín Fernando Vélez, acompañaba a ésta a una cita con su novio de ocasión, para ver el estreno de la gran premier Atila Frente a Roma. Film dirigido por Douglas Sirk y que tenía como protagonista
al destacado Jack Palance, en el rol de Atila.
A partir de ése instante, el esplendor del séptimo arte me sedujo y seguí frecuentando el Teatro de propiedad de Don Teofilo Habib, y que contaba con la administración de José Basanta y Mañe Comas como operador de cámaras.
La Sala de Los Grandes Éxitos Cinematográficos, como era conocido El Habib, estaba ubicada en plena calle 16A, a pocos metros del sector de La Canaliza y contiguo al Almacen Muebles Juliao.
El amplio recinto, tenía una inclinación perfecta donde tres hileras de sillas de madera tapizadas con láminas metálicas galvanizadas y espaldar removible, por donde trasegaba Alex Carity alquilando paquitos antes de apagar las luces, le daban un sofisticado entorno al lugar construido a mediados de los sesentas. Sus paredes recubiertas con un amplio cortinaje color cardenal, y que jamás lavaron. Puesto que cada vez que se movían, por el ajetreo de furtivos novios, emanaban un ollin envuelto en un olor a moho - a cárcel diría Marilyn Hernández - , poseían la acústica perfecta para repartir el sonido ambiente de la cinta en exhibición.
Los baños estaban ubicados en la parte izquierda, antecedidos de una mini tienda donde exhibían una gran variedad de snacks para el consumo de los asistentes. Al lado y de la parte derecha, había un pequeño negocio llamado la enramada, que tenía comunicación con el teatro a través de una pequeña ventanilla, donde fácilmente se podía comprar gaseosas y jugos naturales, incluyendo el apetecido Milo. Servido en unos monumentales vasos de aluminio con pitillo incluido.
Y en lo referente a la climatización, podría decírse que era óptima, por que contaba con varios abanicos incrustados estéticamente sobre el techo que refrescaban la temperatura del cerrado local. Sin dejar de mencionar unos que estaban puestos debajo de la tarima donde reposaba la pantalla, casi del tamaño de esos ventiladores que usaban los hidrodeslizadores. Lugar predilecto de la patota de Versalles, y del combo de Los Babillones del Pretil de Don Marce. No tanto por recibir el fuerte viento, sino porque en épocas de creciente se inundaba y el agite, chapaleando agua hasta los tobillos, resultaba ser una experiencia fascinante. Capulina, Fortuna en boca, al igual que Lucho Chapotin, se sambullian hasta el cuello.
El Teatro Habib marcó la diferencia ante su competencia, que en ése momento era El Carmencita, El Teatro Magangué y el legendario Teatro Córdoba. Más que todo por su infraestructura, y por que rompió con el estereotipo de presentar tanta película mexicana, que eran el boom del momento, para darle paso a grandes producciones norteamericanas como: Atila Frente a Roma, Sansón y Dalila, Moisés, El Planeta de Los Simios con Charlton Heston.Tarzán de Los Monos, con Johnny Weissmüller, Cleopatra protagonizada por Richard Burton y Elizabeth Taylor. La Novicia Rebelde, que inmortalizó a la rutilante estrella Julie Andrews. Terremoto, con Lorne Green, el protagonista de la serie Bonanza. El Tren del Terror escenificada por Jaime Lee Curtis, hija de Tony Curtis. Carrie,
Tiburón de Steven Spielberg. La mítica Naranja Mecánica dirigida por Stanley Kubrick, Jesucristo Superstar, Brillantina, Fiebre del Sábado por La Noche, Gracias a Dios es Viernes, Los Gansos Salvajes, Toda la serie del agente 007, caracterizada en sus inicios por Sean Cornery, pasando por Roger More y culminando, hasta cuando funcionó el teatro, con el galán de Pierce Brosnan.
Pero como resa el refrán que "entre gustos, no hay disgustos". La administración teniendo como base, las tendencias de cada temporada y complacer a la clientela, que al fin y al cabo es la que manda la parada.
De vez en cuando proyectaba películas de Cantinflas, Capulina, Tin Tan, Clavillazo y la inolvidable India María. Además de El Santo, Blue Demon y del intrépido Mil Máscaras. A mediados de los setenta, se viene la fiebre del cine chino, y salta a la palestra la cinta El Boxeador Chino. Y una catajarria de aventuras de éste género, entre ellas las del destacado maestro de las artes marciales, Bruce Lee. Y el renombrado Teatro de la familia Habib Torres hace su agosto. El frenesí era total, y no había un día en que sus instalaciones no presentaran un aforo total. Funciones en matiné y noche a $3.30 la entrada, era la constante. Al igual que la fulgurante presencia de Chan Kin Lee, el hermano del ñato Otto y la de Jhonny Karate, que desde los predios del parque las Américas
llegaba en mochorete y con la camisa esmanguillada, haciendo alarde con sus infaltables chacos.
En el año de 1976, los hermanos Hugo y Absalón Gómezcaceres, compran el local donde funcionaba el desaparecido Teatro Carmencita, y construyen el moderno Teatro Manuel Ramón, que a la postre se constituiría en la piedra en el zapato, en rivalidad, de La Sala de Los Grandes Éxitos Cinematográficos.
Pese a la firme competencia, el Habib siguió funcionando y se ideó la forma para mantener su clientela. Aparecieron los dobles todos los lunes, donde se exibia la película del día sábado y la del domingo. Y de la mano de esta modalidad, vino el auge de las películas pornográficas. Donde los finados Pachito Marsiglia, Jorge Yúnez y Ángel López, eran los primeros asistentes. Levantarse a orinar en medio de la trama, era el detonante para la tradicional abucheada. Tan escandalosa, como cuando Mañe Comas emulando al sastre Capriles, cortaba la película abruptamente. Y ésa algarabía, sólo era calmada cuando Niño Bueno, heredero putativo del inmueble, salía foco Eveready de esos toletú en mano, a indagar quienes eran los del berroche.
Con el tiempo, el avance tecnológico dió al traste con diversos negocios, y uno de los que se vió ostensiblemente afectado, por la aparición del betamax, fue el cine.
Quedando sólo el recuerdo de las divertidas y jocosas anécdotas que se escenificaron en EL TEATRO HABIB.

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