Las tierras raras y la disputa por el poder en el Siglo XXI
10 Dic 2025 
Por Álvaro Viloria Romero *
Tecnología y materias primas
Durante décadas se instaló la idea de que la economía global avanzaba hacia un mundo dominado por el software, la digitalización y la Inteligencia Artificial. Sin embargo, se revela una verdad frecuentemente olvidada: ninguna tecnología existe sin materias primas. En el Siglo XXI, los recursos estratégicos ya no son únicamente el petróleo o el gas, sino un conjunto de 17 elementos químicos metálicos con propiedades magnéticas, eléctricas y ópticas similares conocidos como tierras raras, indispensables para el funcionamiento de dispositivos electrónicos, sistemas militares, energías renovables y comunicaciones modernas.
Las tierras raras se han convertido en el recurso geopolítico más importante del Siglo XXI, y su control redefine las relaciones de poder global, obligando a las naciones a replantear su seguridad, su industria y su inserción internacional.
¿Qué son las tierras raras y por qué importan?
El término viene de la química antigua, donde sus óxidos se llamaban «tierras», y el nombre de «raras» se debe a que históricamente su extracción era compleja. Las tierras raras comprenden elementos como lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio, lutecio, scandio y el itrio. A pesar de su nombre, no son extremadamente escasos, pero su extracción es compleja, contaminante y costosa.
Son esenciales para fabricar: smartphones, computadoras y tabletas; imanes de alta potencia para autos eléctricos y turbinas eólicas; fibras ópticas y láseres; pantallas LED; y baterías avanzadas y sistemas militares.

Es decir, sin tierras raras no existiría la infraestructura tecnológica que sostiene la vida moderna ni la transición hacia energías limpias. Esta es la razón de que estos minerales sean ahora un componente central de la seguridad nacional de cualquier potencia.
China y el dominio estratégico de las tierras raras
La realidad muestra con claridad que China comprendió antes que nadie su valor geopolítico. Durante décadas invirtió en exploración, extracción, refinación y control de la cadena de suministro, hasta alcanzar hoy cerca del 70% de la producción mundial.
Este dominio le otorga una ventaja estratégica en un mundo hiperdependiente de dispositivos electrónicos y tecnologías verdes. Además, China utiliza este control como herramienta geopolítica: puede regular la exportación, aumentar precios o redirigir suministros para presionar a competidores.
Así, las tierras raras dejan de ser un simple recurso económico para convertirse en un instrumento de poder global.
La respuesta de Estados Unidos y la nueva rivalidad global
Donald Trump la tiene bien clara y las sanciones económicas reflejan el creciente temor estadounidense: quien controle las tierras raras controlará el futuro tecnológico, militar y económico del mundo.
Por ello, Estados Unidos ha comenzado a repatriar industrias estratégicas; imponer restricciones y sanciones a China; buscar proveedores alternativos y financiar investigación para tecnologías de sustitución
Aunque esta reacción surgió con fuerza durante el primer gobierno de Trump, continúa en la política estadounidense actual porque el país reconoce que depende peligrosamente de un competidor estratégico.
Este conflicto demuestra que la disputa por las tierras raras no es ideológica, sino estructural. Las potencias no compiten por valores o modelos políticos, sino por seguridad, autonomía y control de la infraestructura material del futuro.
El rol emergente de América Latina
Otra dimensión fundamental presente es la aparición de América Latina como región con gran potencial geológico. Brasil, Argentina, Chile y Bolivia poseen yacimientos que podrían romper el monopolio chino si se desarrollan adecuadamente.
Sin embargo, esto implica desafíos evitar la dependencia extractivista histórica; garantizar regulaciones ambientales estrictas; impulsar cadenas de valor locales y negociar con potencias sin perder soberanía
La región podría convertirse en un actor clave si gestiona estos recursos con visión estratégica, de lo contrario, corre el riesgo de repetir ciclos de explotación sin desarrollo.
La era del software ha terminado: el retorno de lo material
Uno de los mensajes más potentes es que el poder vuelve a la tierra. El imaginario de un mundo completamente digital ignoraba que la base de lo digital sigue siendo física. Los minerales definen imperios, y en el Siglo XXI serán los factores materiales -no solo el conocimiento – los que determinarán qué países liderarán la economía mundial.
Así como el petróleo moldeó guerras, alianzas y hegemonías en el Siglo XX, las tierras raras harán lo propio en el Siglo XXI.
El nuevo combustible
Las tierras raras no son simplemente elementos químicos: representan el nuevo combustible del mundo contemporáneo. El dominio chino del mercado, la respuesta ansiosa de Estados Unidos, el interés europeo y el potencial latinoamericano configuran un escenario global en el que estos minerales determinan estrategias nacionales, alianzas internacionales y modelos de desarrollo.
En este sentido, queda demostrado: quien controle las tierras raras controlará el futuro tecnológico y las relaciones de poder en el Siglo XXI.
Por ello, ningún país puede permanecer ajeno a esta nueva realidad. La guerra por los minerales ya comenzó, y su resultado definirá el mapa geopolítico de las próximas décadas.
* Gerente de Proyectos de Enterritorio SA y exgerente de Aguas de Bolívar SA-ESP; Ingeniero civil, especialista en Análisis y Gestión Ambiental, Gerencia Pública, Consultoría Ambiental y Gerencia de Proyectos de Construcción.
Las opiniones expresadas por el autor de esta columna no reflejan necesariamente las de la institución donde trabaja.
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