Seis años después de Electricaribe
25 Oct 2026

Por Álvaro Viloria Romero *
Cuando Afinia y Air-e asumieron el servicio en octubre de 2020 se prometió cerrar el ciclo de deterioro de Electricaribe con $5,8 billones de inversión en cinco años para modernizar redes, reducir pérdidas y mejorar el servicio. Seis años después, Air-e está intervenida por el Estado y Afinia sobrevive con el respaldo de su matriz. En septiembre de 2026 Empresas Públicas de Medellín -EPM – escindió parte del mercado de Afinia en una empresa nueva, Energua, y menos de dos meses después acordó venderla a inversionistas centroamericanos. La secuencia dice mucho: el modelo se corrige sobre la marcha, a costa de la estabilidad del servicio.
Inversiones por debajo de lo prometido
En Air-e, la ejecución del plan de inversiones ha sido limitada en los últimos años. Afinia invirtió más, pero su propia dirección admitió que ese capital no se estaba amortizando y que habría que reorientar las proyecciones. Aun el operador que más cumplió quedó corto, porque la infraestructura heredada venía de décadas de subinversión y el esquema dependía de una caja que nunca fue sólida.
Pérdidas y recaudo, el círculo vicioso
Las pérdidas en el área de Afinia rondan el 29%, casi el doble del promedio nacional, y el recaudo cubre cerca del 80,6% de lo facturado. Entre pérdidas y cartera morosa se van más de $800 mil millones al año, lo que, según la empresa impide ejecutar el plan de inversiones. Sin inversión en medición y redes las pérdidas no bajan y sin reducirlas no hay caja para invertir. Mientras tanto, el operador paga la energía a los generadores, la cobre o no. Afinia proyectó para 2026 un déficit de entre $1,5 y $1,8 billones y la empresa no es rentable bajo ningún punto de vista.
Un modelo ciego a la realidad social
El esquema supuso que un operador con capital y buena gerencia bastaba para corregir una región con particularidades profundas, con cerca del 80% de los usuarios en los estratos 1, 2 y 3, con ingresos limitados y poca capacidad de pago, a lo que se suman informalidad, barrios subnormalizados y desconfianza tras décadas de mal servicio. La «cultura de no pago» es en parte tolerancia al fraude, pero en buena medida es el resultado de la pobreza.
El modelo trató ese problema social como asunto de eficiencia empresarial y trasladó al operador, y de rebote al usuario, el costo de recuperar un sistema que no soportaba tarifas plenas. Las propias empresas piden políticas públicas que reconozcan las diferencias del Caribe y mientras tanto faltaron subsidios oportunos, programas de normalización financiados por el Estado y tarifas ajustadas a la capacidad de pago.
La opción tarifaria y el costo diferido
La opción tarifaria permitía aplazar parte del aumento, pero dejaba un saldo por recuperar. Air-e decidió cobrarlo en un año, con un alza de más de $260 por kilovatio hora. Líderes de usuarios han criticado ese régimen especial como una carga sobre los costeños que contribuyó a la crisis. Lo que debía aliviar terminó encareciendo la factura y presionando el recaudo de una población vulnerable.
De Atenea a la venta, la crisis cambia de manos
Atenea S.A.S. E.S.P. (hoy Energua) nació el 1 de septiembre de 2026 para atender a unos 365 mil clientes en 35 municipios de Cesar, Magdalena y el sur de Bolívar. Heredó pérdidas de 41% y un indicador de cobro de 61,2%. La lógica era aislar el mercado más problemático para mejorar el perfil de Afinia y permitir una gestión diferenciada en el Cesar.
El 21 de octubre EPM anunció que, mediante su filial Inversiones Energía Internacional, firmó un contrato de compraventa para transferir su participación en la sociedad propietaria del 100% de Energua a Latam Energy Distribution Group, domiciliada en Panamá e impulsada por inversionistas centroamericanos. Mientras se concreta el cierre, la operación continúa en las condiciones de esta etapa. EPM sostiene que la venta busca focalizar recursos de la matriz, fortalecer su sostenibilidad financiera y gestionar mejor su perfil de riesgo.
Lo que puede ganarse. Un inversionista con capital fresco y socios técnicos con experiencia en Colombia podría financiar lo que a EPM le resultaba inviable. Para EPM y para Afinia es un alivio, pues se libera de un mercado con pérdidas cercanas al 40 % y protege un patrimonio público que, según reportes, estaba en riesgo. El modelo «diferenciado» que se anuncia podría, en teoría, adaptarse mejor al territorio.
Lo que preocupa. Primero, la venta es una salida, no una solución, pues EPM no resolvió el problema, lo transfirió. Las pérdidas, la pobreza y la baja capacidad de pago siguen intactas en los 365 mil clientes. Segundo, el comprador asumirá esas condiciones y no está claro cómo las hará rentables sin trasladar costos a la tarifa o recortar inversión. Tercero, la historia pesa: Electricaribe era de capital español y su fracaso no fue de nacionalidad sino de diseño. Cuarto, la señal de inestabilidad es evidente, ya que los usuarios y las autoridades locales vieron cambiar tres veces de operador en seis años y la última sociedad duró menos de dos meses en manos de EPM. Quinto, ya hay cuestionamientos políticos y se plantean dudas sobre vender a inversionistas a través de una sociedad en Panamá. Hacen falta transparencia sobre el comprador, supervisión de la Superintendencia y garantías de continuidad del servicio.
Responsabilidades compartidas
Culpar solo al diseño sería simplista. Los operadores tenían obligaciones y la ejecución fue deficiente, sobre todo en Air-e, pero el Estado tampoco queda libre, pues gremios regionales calificaron la intervención de Air-e como peor que la enfermedad y varios generadores consideran riesgoso venderle energía. Los subsidios pagados con retraso se convierten en deuda del operador. Afinia, con gestión más sólida, mejoró el servicio y sus pagos a generadores en 2026, pero ni la mejor gestión basta si lo estructural queda sin atender.
Hacia una salida realista
Revertir la crisis exige reconocer que no hay solución puramente empresarial, pues hacen falta: (1) Financiación mixta, con el Estado asumiendo parte del costo de modernizar redes en zonas vulnerables. (2) Una política seria contra las pérdidas: medición inteligente, normalización con subsidios focalizados y sanciones al fraude organizado. (3) Pago oportuno de los subsidios. (4) Metas públicas y verificables de inversión, pérdidas y calidad para Energua y su nuevo dueño, con sanciones por incumplimiento. (5) Una discusión franca sobre si el modelo de grandes operadores, públicos o privados, es el adecuado, o si cabe un esquema más regional con participación de las comunidades.
El Caribe seguirá con su crisis
La crisis de Air-e y Afinia se explica por inversiones incumplidas, pérdidas muy superiores al promedio nacional, bajo recaudo y una opción tarifaria que difirió el problema, todo sobre un modelo que ignoró que la mayoría de los usuarios no puede pagar una tarifa que financie por sí sola la modernización del sistema. La escisión y venta de Energua puede traer capital nuevo y alivia a EPM, pero también muestra que el modelo se corrige con traspasos y no con soluciones de fondo. Mientras el Estado no asuma su parte con recursos, reglas estables y exigencias verificables, el Caribe seguirá viendo cambiar de dueños a quien le presta la energía, sin que cambie la causa del problema.
* Ingeniero civil, especialista en Análisis y Gestión Ambiental, Gerencia Pública, Consultoría Ambiental y Gerencia de Proyectos de Construcción. Gerente de Proyectos de Enterritorio SA y exgerente de Aguas de Bolívar SA-ESP;
Las opiniones expresadas por el autor de esta columna no reflejan necesariamente las de la institución donde trabaja.

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