Cartagena y el agua

  23 May 2026

Por Álvaro Viloria Romero *

Eran las ocho de la mañana cuando miles de familias cartageneras abrieron la pluma y no salió nada. En algunos barrios llevaban días con presión mínima y cortes intermitentes. En otros, el agua había ido desapareciendo lentamente hasta que un día simplemente dejó de llegar.

La crisis no comenzó con un anuncio oficial, comenzó cuando el balde tardó más en llenarse, y después dejó de llenarse.

Aguas de Cartagena -Acuacar – anunció racionamientos rotativos. Cada día, distintos grupos de barrios quedarían varias horas sin servicio. La explicación oficial fue la aparición de microalgas en la fuente de captación, afectando los sedimentadores y filtros de la planta de tratamiento. Pero el verdadero problema era otro: Cartagena descubrió que una ciudad de más de un millón de habitantes depende, en cerca del 90%, de una sola planta de potabilización.

No es la primera vez y probablemente no será la última. Mientras Cartagena siga dependiendo de una sola planta principal y de un único corredor crítico de conducción, cualquier contingencia -una rotura, una protesta, una falla técnica o incluso las microalgas – tendrá la capacidad de afectar a gran parte de la ciudad. La crisis de 2026 no creó esa vulnerabilidad, solo la dejó completamente expuesta.

1. El agua recorre kilómetros de fragilidad

El agua que consume Cartagena nace en el Canal del Dique. La captación de agua cruda se realiza en inmediaciones del corregimiento de Rocha, en el municipio de Arjona. Desde allí inicia un recorrido que atraviesa las estaciones de bombeo de Dolores, Piedrecitas y Albornoz antes de llegar a la Planta de Tratamiento El Bosque, en el barrio El Paraguay. Potabilizada, el agua viaja por más de 1.700 kilómetros de red hacia hogares, hospitales, hoteles e industrias. El problema es que casi toda la ciudad depende de esa única cadena; si falla uno de sus puntos críticos falla gran parte de Cartagena.

La estación Dolores es uno de los puntos más sensibles del sistema. En diciembre de 2021, habitantes del corregimiento de Puerto Badel, en Arjona, realizaron una protesta pacífica reclamando mejoras para una vía que llevaban décadas esperando. En pocas horas, cerca del 90% de Cartagena quedó sin agua. Una comunidad con una carretera deteriorada tenía la capacidad de afectar el suministro hídrico de más de un millón de personas. Más que una anécdota, el episodio reveló la fragilidad territorial sobre la que funciona el sistema.

El corredor de conducción atraviesa comunidades que históricamente han enfrentado problemas de infraestructura, servicios básicos y conectividad. Muchas de ellas conviven con la infraestructura que abastece a Cartagena, pero sienten que los beneficios del desarrollo urbano no han llegado con la misma intensidad a sus territorios. La crisis del agua terminó revelando otra realidad: la fragilidad del sistema también es social.

2. Una planta operando al límite

En este mes mayo de 2026, el gerente de Acuacar, John Montoya Cañas, reconoció públicamente que la Planta El Bosque ya opera prácticamente al 100% de su capacidad. Una sola planta sin suficiente margen de respuesta ante contingencias de gran escala. Cuando las microalgas redujeron la producción, no había respaldo. En una ciudad con suficiente capacidad de respaldo, esa contingencia habría sido manejable, pero en Cartagena se convirtió en crisis.

La pregunta que Cartagena debe hacerse no es por qué aparecieron microalgas en el Canal del Dique, las cuales no son nuevas. La verdadera pregunta es otra: ¿por qué una ciudad con más de un millón de habitantes sigue dependiendo, en cerca del 90%, de una sola planta principal? ¿Y cómo se llegó hasta este punto después de años de expansión urbana y de planes de inversión que prometían fortalecer el sistema?

3. El plan existía

La crisis del agua en Cartagena no es un accidente de 2026. Es la consecuencia acumulada de decisiones que vienen de mucho antes. Y lo que la hace especialmente grave es que había un plan.

En 2014, durante la administración de Dionisio Vélez Trujillo, se aprobó la prórroga del contrato de Acuacar hasta 2035. En ese entonces, la principal justificación fue un Plan Maestro de Acueducto que prometía fortalecer la capacidad hidráulica de la ciudad mediante nuevas inversiones y una segunda planta de potabilización en inmediaciones de Pasacaballos. La primera fase avanzó: el primer módulo de la planta El Cerro entró en operación en 2019 y actualmente abastece sectores de la zona suroccidental, Mamonal y Barú. Las fases posteriores, las que permitirían ampliar significativamente la capacidad del sistema, no avanzaron al ritmo esperado.

Distintos informes, particularmente de órganos de control, han señalado posibles inconsistencias e incumplimientos relacionados con las inversiones comprometidas en el Otrosí de 2015. Mientras Acuacar sostiene que sí ejecutó inversiones importantes dentro del Plan Maestro, los organismos de control cuestionan si esas inversiones fueron suficientes frente al crecimiento y las necesidades reales de la ciudad.

El resultado es claro: la ciudad del plan parcialmente ejecutado, con una planta y media, sin redundancia y con una demanda que desbordó las proyecciones, no es la ciudad que el plan prometía. Tan evidente es ese vacío que en mayo de 2026, ante la emergencia, se evalúa para junio el traslado del suministro hacia Pasacaballos, la misma planta incompleta del Plan Maestro, convertida ahora en salvavidas de urgencia.

4. Doce alcaldes en diez años

Hay un dato que pocas veces aparece en las discusiones sobre el agua en Cartagena, pero que ayuda a explicar buena parte de lo ocurrido.

Durante la última década, la ciudad tuvo 12 alcaldes entre titulares, encargados, suspendidos y mandatarios elegidos en procesos atípicos. Fueron años marcados por una larga crisis institucional, cambios permanentes de administración e inestabilidad política.

Ese contexto coincidió precisamente con las decisiones más importantes relacionadas con el futuro del sistema hidráulico, como fueron la prórroga del contrato y el desarrollo del Plan Maestro.

Mientras la ciudad cambiaba constantemente de rumbo político, el operador mantuvo la continuidad técnica y operativa del sistema.

La pregunta inevitable es otra: ¿quién ejerció realmente seguimiento técnico y control permanente sobre el cumplimiento de esas inversiones en medio de una ciudad marcada por la inestabilidad institucional?

La crisis política de Cartagena no fue solamente un problema de gobernabilidad, también creó un escenario donde el seguimiento institucional perdió continuidad durante años. Mientras las administraciones cambiaban, el contrato seguía vigente y persistían cuestionamientos sobre el avance de las inversiones comprometidas.

Hoy, afortunadamente, la administración del alcalde Dumek Turbay Paz marca un momento diferente frente a esa larga etapa de inestabilidad política e institucional. Por eso, sus recientes pronunciamientos sobre Acuacar generaron tanto impacto en la ciudad, y contrastan con años cuando la discusión pública sobre el modelo de operación del agua tuvo mucho menos protagonismo.

5. La ciudad que creció antes que su infraestructura

Cartagena ya no es solamente Cartagena. Hoy existe una dinámica metropolitana que conecta Turbaco, Arjona, Bayunca, Santa Rosa, Zona Norte, Serena del Mar, Mamonal y distintos corredores turísticos e industriales. La expansión urbana fue presentada durante años como símbolo de desarrollo. Nuevos hoteles, nuevos condominios, nuevas urbanizaciones, pero la infraestructura hídrica nunca avanzó al mismo ritmo. La ciudad creció pero el sistema de agua no.

La lección que deja la crisis de 2026 es una sola: el crecimiento urbano y la capacidad de los servicios que lo sostienen deben planificarse juntos, no por separado. Cuando una ciudad crece más rápido que su infraestructura, no es que el desarrollo haya fallado, es que la planeación no fue suficientemente integral.

Cartagena necesita que las decisiones de expansión, las inversiones en acueducto y los compromisos contractuales de los operadores hablen el mismo idioma. Esa coordinación no es un lujo técnico, es la base de cualquier ciudad que aspire a ser competitiva y justa al mismo tiempo.

¿Puede una ciudad crecer indefinidamente sin garantizar primero que el agua, la luz y el saneamiento básico lleguen a todos sus rincones? La respuesta que dejó mayo de 2026 es incómoda pero necesaria: no. Y entender eso a tiempo es la diferencia entre una metrópoli que planifica su futuro y una que lo improvisa.

6. Dos Cartagenas hídricas

Existe una Cartagena donde el agua suele mantenerse con mayor continuidad: la de Bocagrande, Manga, el Centro Histórico, los grandes hoteles y los principales corredores turísticos. Allí los cortes prolongados son menos frecuentes y la infraestructura responde con mayor estabilidad.

Pero también existe otra Cartagena: la de barrios periféricos, asentamientos, Tierrabomba y corregimientos donde la baja presión, la intermitencia y el almacenamiento en tanques forman parte de la vida cotidiana.

Son dos Cartagenas hidráulicas. Dos realidades separadas no solo por kilómetros, sino también por profundas diferencias urbanas y sociales.

En una ciudad donde el 41,1% de la población vive en pobreza monetaria -la cifra más alta entre las grandes capitales colombianas según el DANE 2024 – y donde el índice Gini alcanza 0,525, el acceso desigual al agua termina teniendo consecuencias humanas concretas. Mientras Cartagena recibe cerca de 11 millones de turistas al año, miles de familias siguen enfrentando dificultades de saneamiento básico y servicios incompletos.

Cerrar esa brecha no es una utopía, es una condición mínima para construir una ciudad más competitiva, más resiliente e incluyente. Cuando las inversiones en servicios públicos llegan realmente a los sectores más vulnerables, mejora la salud, mejoran las oportunidades y mejora la ciudad completa.

La discusión del agua en Cartagena ya no puede limitarse únicamente a tuberías y plantas de tratamiento, también es una discusión sobre equidad urbana y sobre el tipo de ciudad que Cartagena quiere llegar a ser.

7. Lo que otras ciudades aprendieron

Cartagena no es la primera ciudad en enfrentar tensiones entre crecimiento urbano, desigualdad e infraestructura hídrica.

Jakarta, en Indonesia; Cochabamba, en Bolivia; y varias ciudades de Europa y América Latina, han vivido debates similares sobre cómo gestionar el agua, quién debe hacerlo y en qué condiciones.

En algunos casos, los contratos terminaron. En otros, se renegociaron. En los más afortunados, las soluciones se anticiparon antes de que llegara la crisis.

Buenos Aires, la capital de Argentina, es quizá el caso más cercano a la discusión actual. En los años 90’s, Aguas Argentinas (empresa en la que participaba Aguas de Barcelona -Agbar-, la antigua socia de Acuacar), prometió expansión, inversiones y modernización del sistema. Años después, el contrato terminó rodeado de cuestionamientos relacionados con cobertura e incumplimientos en sectores periféricos.

La conexión con Cartagena no es menor. Agbar fue posteriormente absorbida por Veolia, el mismo grupo que hoy participa en la operación de Acuacar, una empresa con presencia global y cuya operación también ha sido objeto de debates públicos en distintos países. Las discusiones sobre inversión, cobertura y expansión urbana que hoy vive Cartagena no son un fenómeno nuevo ni exclusivamente local.

Pero también existen ejemplos distintos. Medellín consolidó durante décadas un modelo basado en múltiples plantas, capacidad de respaldo y reinversión permanente en infraestructura. La ciudad construyó resiliencia antes de que llegaran las grandes crisis. No fue casualidad, fue el resultado de planificación, continuidad institucional y visión de largo plazo.

Cartagena todavía está a tiempo de decidir qué camino quiere seguir. Esperar a que la crisis se profundice o fortalecer desde ahora la capacidad, la redundancia y las inversiones que una ciudad de más de un millón de habitantes necesita para garantizar su seguridad hídrica.

La ciudad que no soporta otra falla

Cartagena tiene hoy una planta principal operando al límite, un corredor de conducción vulnerable, una ciudad que creció más rápido que su infraestructura y profundas desigualdades territoriales.

Esa combinación no apareció de un día para otro, es el resultado acumulado de decisiones tomadas o aplazadas durante décadas.

La frase del alcalde Dumek Turbay «resuelven o resolvemos» resume el momento político que vive la ciudad; pero, más allá de la confrontación coyuntural entre Distrito y operador, la discusión de fondo es otra: ¿qué tipo de ciudad quieren construir los cartageneros?

Porque la crisis del agua terminó revelando problemas mucho más profundos que una contingencia técnica. Reveló desigualdad, crecimiento urbano sin suficiente respaldo, debilidad institucional, falta de planeación y una infraestructura que dejó de crecer al ritmo de la ciudad.

Cartagena todavía está a tiempo de corregir el rumbo, pero hacerlo exige entender que el agua ya no puede seguir tratándose únicamente como un servicio más.

El agua es, en realidad, el soporte vital de la ciudad que Cartagena quiere llegar a ser.

Espere la segunda parte de esta análisis: ‘El contrato, la ciudad y el agua que sigue pendiente’

Fuentes y referencias:

Acuacar: Boletines informativos 2021-2026 y Plan Maestro de Acueducto (acuacar.com). · El Universal: Cobertura crisis hídrica mayo 2026. El Heraldo: Crisis del agua por microalgas, mayo 2026. Semana: Crisis agua potable Cartagena, 2023. Alcaldía de Cartagena: Comunicados oficiales 2024-2026 (cartagena.gov.co). Contraloría de Cartagena: Informe Definitivo Acuacar 2009 y hallazgos Otrosí 2015. DANE: Pobreza Monetaria Cartagena 2024 (dane.gov.co). Cartagena Cómo Vamos: Análisis pobreza y desigualdad 2024 (cartagenacomovamos.org). EPM: Plantas de potabilización Valle de Aburrá (epm.com.co). Transnational Institute: Indonesian Supreme Court Terminates Water Privatization, 2017 (tni.org). OpenEdition Journals: Privatización agua Argentina, caso Aguas Argentinas, Suez y Agbar. Decreto 303/06, Argentina: Rescisión contrato Aguas Argentinas, marzo 2006. BluRadio: Bloqueo estación Dolores, Puerto Badel, diciembre 2021. Ley 142/1994: Régimen servicios públicos domiciliarios.

* Gerente de Proyectos de Enterritorio SA y exgerente de Aguas de Bolívar SA-ESP; Ingeniero civil, especialista en Análisis y Gestión Ambiental, Gerencia Pública, Consultoría Ambiental y Gerencia de Proyectos de Construcción.

Las opiniones expresadas por el autor de esta columna no reflejan necesariamente las de la institución donde trabaja.

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