Cartagena y su calor urbano
20 Jun 2026

Por Álvaro Viloria Romero *
Cartagena no solo consume más energía por el calor natural del Caribe, también consume más porque urbanizó sin sombra y convirtió la arborización en un asunto decorativo y no en una política climática.
A las diez de la mañana, la avenida Pedro de Heredia se vuelve una superficie de concreto caliente donde caminar bajo el sol deja de ser una molestia y empieza a sentirse como castigo. Sin embargo, durante años la arborización urbana fue tratada como un asunto ornamental y no como infraestructura esencial de ciudad. Ahí empieza una parte importante del problema energético de Cartagena.
La ciudad del concreto caliente
Cartagena recibe una de las radiaciones solares más altas de Colombia, así tiene el calor natural de Caribe. Parte de la temperatura que hoy soporta la ciudad no proviene únicamente del clima, es consecuencia de cómo se urbanizó. La relación es directa y medible.
La Organización Mundial de la Salud -OMS – recomienda al menos un árbol por cada tres habitantes para garantizar la calidad del aire y reducir el efecto de isla de calor, fenómeno por el cual las zonas urbanas concentran temperaturas más altas que las áreas rurales circundantes. En Cartagena, donde el Centro Histórico y Bocagrande ya registran temperaturas hasta cuatro grados superiores a las zonas con vegetación, ese estándar sigue sin cumplirse.
El censo LIDAR (Light Detection and Ranging) del Establecimiento Público Ambiental -EPA – de 2024 catalogó 186.344 árboles en espacio público -actualizado a 204 mil en 2025 – pero la ciudad no ha publicado un indicador comparable de cobertura arbórea efectiva por habitante desde el plan de arborización elaborado con datos de 2014.
Lo que sí está documentado es la brecha, ya que Cartagena tiene 2,3 metros cuadrados de área verde por habitante, según el Observatorio Ambiental Distrital.
El Distrito publicó en 2024 un mapa de calor satelital que reveló algo medible y concreto: barrios como El Pozón y Los Caracoles registran temperaturas hasta 12 grados más altas que sectores como Castillogrande.
Esa diferencia no es solo una molestia estadística; se traduce en facturas más altas para quienes menos pueden pagarlas. Las familias de menores ingresos en los barrios más calientes destinan una fracción mayor de sus ingresos a combatir un calor que sufren más que nadie. La desigualdad térmica es también, sin que nadie lo nombre así, desigualdad tarifaria.
Eso no es paisajismo, es infraestructura climática. Durante años, la arborización fue presentada como un tema ambiental o estético, pero en ciudades calientes como Cartagena, sembrar árboles también es política energética. El problema es que la ciudad todavía no diseña gran parte de su espacio público pensando en sombra efectiva.
El error de confundir paisajismo con sombra
La palmera es parte del paisaje caribeño y tiene valor simbólico evidente, pero una ciudad caliente necesita también árboles de copa amplia capaces de reducir temperatura sobre andenes, plazas y vías peatonales.
Campanos, cañaguates, matarratones, algarrobos y otras especies tropicales tienen capacidad de transformar térmicamente el espacio urbano. Cartagena ya posee conocimiento técnico sobre cuáles especies funcionan mejor, entonces el problema no es falta de información, es falta de prioridad urbana.
El impacto más visible de esa ausencia está en los colegios. Desde el 27 de mayo de 2026, la Secretaría de Educación de Cartagena ordenó suspender las actividades al aire libre entre las once de la mañana y las tres de la tarde en todas las instituciones educativas oficiales del Distrito.
Más de 150 mil estudiantes reorganizaron su jornada no por una decisión pedagógica sino por una decisión térmica ya que los patios escolares no tienen sombra suficiente para estar en ellos a mediodía. No hay emergencia climática que explique eso, lo que hay son décadas de diseño escolar que priorizó el espacio abierto sobre la sombra habitable.
La silvicultura, la ciencia de saber qué especie sembrar en cada espacio específico, todavía no se aplica con rigor en el diseño del espacio público cartagenero. No es lo mismo un árbol de copa ancha en un andén peatonal que una palmera frente al mar. Cada espacio tiene una especie óptima y elegirla bien es la diferencia entre una ciudad que refresca y una ciudad que sigue recalentándose.
La buena noticia es que Cartagena ya dio el primer paso. En febrero de 2024, el EPA socializó los resultados del primer censo arbóreo urbano de la ciudad, desarrollado con tecnología LIDAR, que es un sistema láser tridimensional de precisión milimétrica que evalúa la densidad del follaje, la biomasa forestal y la altura de los árboles, ayudando a optimizar el uso del suelo.
El resultado fue 186.344 árboles en espacio público, catalogados con su localización exacta, especie, altura y estado fitosanitario.
En agosto de 2025, la cifra actualizada ascendió a 204 mil individuos, cada uno con placa de identificación y ficha digital. Cartagena sabe, por primera vez en su historia, cuántos árboles tiene y dónde están. Paralelamente, la administración Turbay lanzó el Plan Maestro de Arborización con una meta de 300 mil árboles entre 2025 y 2027 y una inversión de más de 5.500 millones de pesos.
La ciudad tiene el diagnóstico y tiene el plan. Lo que ahora necesita es que ese plan se ejecute con criterio silvícola, eligiendo la especie correcta para cada espacio.
La ciudad debe gestionar el calor urbano
Phoenix, Arizona; es la advertencia de lo que ocurre cuando una ciudad tropical crece sobre concreto y asfalto sin vegetación durante décadas.
Según el reporte de salud pública del Condado de Maricopa -publicado en marzo de 2025 con datos preliminares de 2024 y ocho casos aún bajo investigación – se confirmaron 602 muertes relacionadas con el calor ambiental ese año. La mayoría ocurrieron en zonas urbanas sin árboles, en hogares sin aire acondicionado funcional, en comunidades de bajos ingresos. El calor urbano sin gestión no es solo incomodidad, es mortalidad diferencial.
En Cartagena existe un ejemplo interesante en la ciudad misma. El Hospital Serena del Mar genera con sus paneles solares el 49% de toda su demanda eléctrica, evitando 627 toneladas de CO2 al año.
Si un hospital privado lo hace en el mismo territorio, la pregunta sin respuesta es por qué el Hospital Infantil Napoleón Franco Pareja o los colegios distritales no tienen un programa equivalente.
La misma lógica aplica a los mercados públicos, a las bibliotecas distritales, a los centros comunitarios de los barrios más calientes.
Cada techo público que recibe sol durante 12 horas al día es una oportunidad de generación que la ciudad todavía no aprovecha. La tecnología existe, el marco legal existe, el sol sobra.
Cartagena no ha llegado a un punto crítico aún, pero la cadena que conduce a él -ciudad caliente, consumo desbordado, desigualdad térmica, facturas impagables – ya está en marcha.
No se trata únicamente de sembrar árboles., se trata de planificar cómo la ciudad enfrenta el calor en las próximas décadas.
Una oportunidad que todavía existe
Cartagena todavía puede corregir parte de ese modelo urbano. El Jardín Botánico Guillermo Piñeres, en Turbaco, tiene el banco de semillas nativas más completo del Caribe colombiano. Una alianza con el EPA para producir campanos, cañaguates y matarratones en escala lo que para la ciudad costaría una fracción de lo que vale importar palmeras ornamentales. La solución al calor de Cartagena está, literalmente, a 20 minutos de la ciudad.
El programa de adopción de parques que gestiona Aguas de Cartagena también podría tener su equivalente verde en empresas, hoteles y centros comerciales que adopten corredores de arborización en vías aledañas, contando los árboles plantados como inversión social real y no como fotografía de informe de sostenibilidad.
La discusión ya no debería ser cuántos árboles sembrar, sino cuáles, dónde y para quién.
Los ODS y la ciudad que viene
La discusión ya no es únicamente local. El Plan de Ordenamiento Territorial -POT – que Cartagena está actualizando es la oportunidad de convertir en norma lo que hoy es buena intención.
Así como Singapur exige jardines verticales como condición de cada licencia de construcción, el POT de Cartagena puede exigir cobertura arbórea de sombra efectiva -medida en metros cuadrados de proyección, no en número de palmeras – como requisito no negociable para toda licencia de urbanización, sea en el norte, en el sur o en la franja costera de El Malecón.
Las nuevas urbanizaciones que crecen hacia Bayunca, La Boquilla y la zona norte están construyendo hoy el calor que sufrirá Cartagena en 20 años. La norma puede evitarlo, pero solo si se escribe antes de que el concreto, ante la urgencia de proseguir ejecutando obras para recuperar el tiempo perdido, reemplace la última sombra disponible.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible 7, 11 y 13: energía asequible, ciudades sostenibles y acción climática, convergen en un punto que Cartagena puede materializar sin esperar a Bogotá o a otras ciudades, y es que cada metro cuadrado de espacio público nuevo tenga sombra suficiente para ser habitable a las 11 de la mañana.
La decisión que falta
Cartagena lleva décadas discutiendo cómo producir más energía. Tal vez llegó el momento de discutir también cómo necesitar menos. La respuesta no está solo en Bogotá, ni en una nueva subestación, ni en otra línea de transmisión; está en decisiones mucho más simples y mucho más cercanas.
En abril de 2026, Afinia, el Fenoge y la Unión de Tenderos formalizaron una alianza para instalar paneles solares de 4 kilovatios en hasta 400 tiendas de Cartagena y Bolívar. Un tendero con paneles en el techo no solo paga menos, también descarga la red que a las siete de la noche está al límite. Cartagena recibe 4.426 horas de sol al año. La Ley 1715 exime de IVA los equipos y permite deducir el 50% de la inversión en renta durante 15 años. Solo falta la decisión individual de instalarlo.
Para las islas y los corregimientos que el sistema nunca conectó bien: El Islote, Bocachica, Barú, la solución no es esperar otra promesa del IPSE. Se podría pensar en un sistema mixto solar y eólico con baterías, dimensionado para la comunidad que lo necesita, con mantenimiento local y capacitación real. Pequeño, sostenible y sin depender de una línea de 220 kilovoltios que se cae un viernes a las 6 de la mañana.
La corresponsabilidad también tiene una cara empresarial. El hotel que siembra almendros de playa en la acera aledaña no solo embellece su fachada si no que reduce la temperatura del entorno, disminuye el consumo de aire acondicionado de sus propios huéspedes y descarga la red en las horas pico. El restaurante que instala un panel solar con batería no solo protege sus equipos de las fluctuaciones de Afinia, sino que también vende el excedente a la red y contribuye a aliviar la demanda en el momento más crítico del día. El conjunto residencial que adopta un corredor de arborización en la vía aledaña, el centro comercial que financia la siembra de caracolíes en el separador vial todos suman. No como filantropía, sino como inversión en el único entorno urbano que tienen.
El gremio turístico del Centro Histórico tiene además una oportunidad que la Ley ya permite y que nadie ha activado todavía, que consiste en constituirse como Comunidad Energética, financiar colectivamente una granja solar fuera de las murallas y acreditar esa generación a sus propias facturas. La CREG lo reglamentó en abril de 2025. No requiere tocar una sola teja colonial, solo requiere que alguien convoque la primera reunión.
Y antes que todo eso -antes del panel, antes del aerogenerador, antes de cualquier tecnología – está el árbol. El campano que enfría una plaza, el cañaguate que da sombra en un patio escolar o la uvita de playa que protege el borde costero del Malecón.
Sembrar el árbol correcto en el lugar correcto es la acción más barata, más duradera y ciudadana de todas. No requiere ley, ni trámite, ni subsidio, solo requiere que alguien decida hacerlo y que la ciudad decida protegerlo.
De grano en grano, árbol por árbol, panel por panel, entre todos llega la solución. Y la solución más simple de todas está al alcance de cualquier cartagenero que tenga un patio, una terraza o un andén, porque en una ciudad caliente, cada árbol ausente también termina apareciendo en la factura de la luz.
FUENTES:
Secretaría de Educación de Cartagena. Circular AMC-CIR-000240-2026. Ajuste de jornadas escolares por calor. 27 de mayo de 2026.
Alcaldía de Cartagena / Secretaría de Planeación. Mapa de calor satelital barrial: El Pozón hasta 12°C más que Castillogrande. 2024.
EPA Cartagena / Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Censo Arbóreo Urbano con tecnología LIDAR: 186.344 árboles. Febrero 2024.
EPA Cartagena. Actualización censo arbóreo: 204.000 individuos con placa de identificación y ficha Field Maps. Agosto 2025.
Alcaldía de Cartagena. Plan Maestro de Arborización: meta 300.000 árboles 2025–2027, inversión 5.500 millones de pesos. Enero 2025.
El Universal. ‘Una Cartagena con menos calor: el plan que podría transformar la ciudad.’ Diana Acosta H. 24 de mayo de 2026.
Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) / The Tico Times / Q Costa Rica. Costa Rica generó el 98,6% de su electricidad de fuentes renovables en 2025 — generación eléctrica anual. Marzo 2026.
Hospital Serena del Mar. Generación solar: 49% de la demanda eléctrica, 627 toneladas de CO2 evitadas al año. Datos públicos de la institución.
Maricopa County Department of Public Health. 2024 Heat-Related Deaths Preliminary Report: 602 muertes confirmadas, 8 bajo investigación. Marzo 2025.
City of Melbourne. Urban Forest Strategy 2012–2032. Meta: cobertura arbórea del 22% al 40% para 2040.
Embrapa Florestas (Brasil). Estudio de temperatura bosque urbano Curitiba: reducción hasta 4°C. 2022.
Observatorio Ambiental Distrital de Cartagena. Indicadores de cobertura vegetal: 2,3 m² por habitante.
Afinia / Fenoge / Unión de Tenderos. Alianza para instalación de paneles solares en hasta 400 tiendas de Cartagena y Bolívar. Abril 2026.
Ley 1715 de 2014 y modificaciones. Incentivos para energía renovable: deducción renta 50%, exención IVA, depreciación acelerada.
Álvaro Viloria Romero. ‘Hacia una Cartagena resiliente con infraestructura verde’ Revista Metro, abril 2026.
Blog Catalejo — Álvaro Viloria Romero. Revisado para evitar duplicación de temas, referentes y argumentos.
* Gerente de Proyectos de Enterritorio SA y exgerente de Aguas de Bolívar SA-ESP; Ingeniero civil, especialista en Análisis y Gestión Ambiental, Gerencia Pública, Consultoría Ambiental y Gerencia de Proyectos de Construcción.
Las opiniones expresadas por el autor de esta columna no reflejan necesariamente las de la institución donde trabaja.
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